Como decía en mi anterior entrada, hacía muchos años que no había ido a una feria del disco de las que se organizan en Barcelona y la sensación que me dio esta última edición fue la de contemplar un cadáver que se resiste a morir. Eso si un cadáver totalmente “light” ya que este año era una feria del disco sin actuaciones, sin subasta, sin muchas de las tiendas que solían venir en años anteriores y casi sin publico. Vamos una feria del disco 0,0.

Recuerdo años atrás cuando la feria se organizaba de viernes a domingo que el viernes por la mañana se formaban colas interminables para entrar y te encontrabas año tras año en las primeras filas a coleccionistas de todo tipo de grupos con los cuales llegabas a desarrollar una amistad circunstancial que se repetía año tras año mientras esperábamos con anticipación que se abrieran las puertas del recinto ferial de Montjuic o del Borne.
Este sábado la estación del Norte donde se celebraba la IX Feria del disco no podía tener un aspecto mas desangelado. Escasos coleccionistas deambulaban de un stand a otro sin problemas para poder mirar las cubetas rebosantes de vinilos cuando años atrás tenias que guardar cola pacientemente mientras cuatrocientas personas delante de ti examinaban con una gran parsimonia en la misma cubeta que tu querías ver. Por no hablar de la marea humana que se formaba en los pasillos donde tenias que avanzar a codazos entre la multitud hasta poder encontrar la tienda que buscabas ya que el sábado tradicionalmente era el día de mayor afluencia de publico unas décadas atrás.
El motivo de que muchas de las tiendas de mayor solera no hubieran venido este año a la feria del disco según me dijeron es que dado que ahora la feria del disco de Barcelona se celebra dos veces al año (en primavera y en otoño) muchos expositores que vienen de fuera prefieren asistir solo a la que se celebra en otoño que tiene una mayor afluencia de gente.

Así que tras unas cuantas vueltas por la estación del Norte y tras saludar a amigos y conocidos decidí dejar atrás aquel lugar que parecía una sombra de lo que había sido cuando años atrás me hubiera pasado horas y horas buscando en todos y cada uno de aquellos stands.
Eso sí, salí de allí la mar de contento porque encontré un libro que me hacia mucha ilusión “The Beatles Fact and Fiction” de Erik Krasker. Un extraordinario libro que se lee como una novela policíaca en el que Erik con un espíritu cercano al Grimson de CSI a través de una rigurosísima investigación demuestra que muchos de los hechos y teorías que se tenían por ciertas sobre la etapa en que los Beatles tocaron en Hamburgo y sus grabaciones para Polydor no son ciertos o se han basado en suposiciones sin ningún tipo de prueba tangible.

Erik Krasker también da varios palos a Hans Olaf Gottfridsson por su falta de rigor en mucha de la información que presentaba en su libro "Beatles From Cavern to Star Club", considerado hasta la fecha como el libro más destacado sobre este período de la carrera de los Beatles.
En definitiva "The Beatles Fact and Fiction" es un libro muy recomendable para todos los seguidores de los Beatles que quieran indagar en uno de los periodos más oscuros de la carrera del cuarteto de Liverpool.
Ah y con respecto al disco del grupo español que subía de precio año tras años y del que os hablé en la entrada anterior, tras una concienzuda búsqueda por fin localicé el stand donde se encontraba.
Fue un momento muy emocionante ya que tras un ligero titubeo sobre en qué cubeta debía mirar, de repente apareció ante mi. Allí estaba esperándome tímidamente a que volviera a tenerlo entre mis manos. Esta vez no pude preguntar su precio ni observar detenidamente si afloraban lagrimas de nostalgia y emoción en el vendedor ya que el disco llevaba una etiqueta con el precio: 70 euros.
Comparado con la última vez que pregunté por él y me dijeron su valor solo había subido 10 euros en 6 años lo cual es bastante revelador del panorama que vive actualmente el mundo del coleccionismo discográfico.